Se conoce como “Internet de las Cosas”, o IoT por sus siglas en inglés (“Internet of Things”), a la interconectividad de objetos de la vida cotidiana a través de internet. El concepto, tal y como se lo conoce actualmente, se debe al científico británico Kevin Ashton, aunque otras versiones de ideas similares se conocen con anterioridad.

Actualmente, el “Internet de las Cosas” es uno de los conceptos que generan mayor interés dentro de investigadores, comunicadores y entusiastas de las nuevas tecnologías digitales. La idea no depende de la existencia de un nuevo dispositivo o tecnología particular, sino de la posibilidad de conexión entre dispositivos que ya existen a través de tecnologías de red nuevas, con mayor velocidad, como 5G o WiFi6.

Las posibilidades del IoT

En este momento, la capacidad de conexión de varios dispositivos a la vez es muy buena pero limitada. Es posible, por ejemplo, usar una conexión WiFi estándar para jugar a River Belle juegos de casino mientras otra persona ve una película o realiza una videollamada. Sin embargo, las capacidades de las redes de telefonía móvil o WiFi no permiten el nivel de interconexión que el Internet de las Cosas requiere.

El advenimiento y expansión de estas tecnologías permitiría, entonces, conectar a la red y entre sí a numerosos dispositivos, ya sea dentro del hogar como en instituciones, empresas e incluso en el espacio público. De este modo, el IoT implica un salto cualitativo en las posibilidades de uso de internet en la vida cotidiana.

Seguridad

Sin embargo, el Internet de las Cosas también debe tener en cuenta posibles efectos negativos, específicamente los problemas de seguridad y privacidad.

La conexión directa e inmediata entre diferentes dispositivos hace que potenciales vulnerabilidades en la red se extiendan rápidamente entre todos ellos. También es importante tener en cuenta los posibles usos poco éticos por parte de compañías que utilizan el data mining para sus modelos de negocios.